Le siento. Este deseo carnal de besarle los labios y apretarle contra mi pecho, como si me despojara de algo poco sincero o carente de mi voluntad para entregarme a lo incierto.
Ahora que comprendo tantos momentos divididos entre las nubes y el naranja del verano le entrego más que mis palabras o mi aliento.
Es como sentir su presencia mas cerca de lo habitual, el reflejo de su alma que junto a otras no estaría tan encendida sin la mía.
Aprendí hace tantos veranos que este tibio sol solo puede tomarse un trago de vino a la vez, es justo lo que a mis alas le hace falta al pensarle y escucharle a lo lejos.
Todos planificamos nuestros futuros, con el presente en las manos y el pasado que se convierte en la peor de nuestras guerras, es todo lo que un humano debería recordar, la vida es un lienzo y pintarle con la habilidad de maestro es una lección que se aprende viviendo.
Le tomo su mano, usted sostenga la mía. No sé cuantos momentos más debemos pasar y al final contemplar esta lejanía, pero hagamos que todo valga la pena.